Há de chegar...
En Praia de XaiXai se prolonga la “agonía de los objetos” hasta límites insospechados. Aunque rotos, sucios y feos, aunque se les asigne una función bien distinta de aquella para que la nacieran, función que se transforma una y otra vez respondiendo a necesidades inmediatas, los objetos eternizan su agonía, hasta que son, literalmente, inutilizables.
En la sede de Khanimambo tenemos un silla de plástico, una de estas de terraza de toda la vida que perdió, tiempo ha, una de sus patitas y sigue, diariamente, acogiendo los inquietos cuerpos de los niños que, con cierto arte (intrínseco) consiguen, sin esfuerzo alguno, no acabar en el suelo. Mi parte más matemática me dice que es una cuestión de cálculo, de equilibrio: apoyan sus cuerpos en la diagonal donde antes estaba la patita… Pero los cálculos pertenecen a otros; “O pobre é creativo, se nao, passa mal”, que diría mi amigo el rasta argentino de Brasil.
Y sí, ingenio no les falta… con las ramas de los árboles los niños fabrican juguetes geniales -y es que los coqueros son árboles generosos, calman la sed, alimentan el cuerpo y con sus secas ramas, se completan las chozas.- Ellas acumulan ropitas, complementos y comiditas para las muñecas que no tienen. Ellos, cometas que el despiadado viento destruye con un simple soplido. Unos cuantos neumáticos de coche, viejos y ya desgastados, acaparan horas y horas de juegos; una decena de piedrecitas, entran y salen de un círculo que dibujan en el suelo. Los más ingeniosos o aquellos que tienen cerca un adulto manitas, llegan a construir con desechos y alambres envidiados bólidos, propios del arte más retro- popero occidental.
El no tener desarrolla esa capacidad que todos poseemos pero que pocos exploramos, -acostumbrados a que nos lo den todo bien masticadito y empaquetado-, la capacidad de inventar.

Pero, aunque dotados de esa capacidad creativa “práctica”, los niños de Khanimambo carecen de esa otra creatividad “subjetiva”, “abstracta” que se nos presenta en forma de “sueño”.
A los niños de Khanimambo les cuesta soñar.
No eligieron nada en su vida; no eligen qué vestir, qué comer… durante generaciones a sus familias les movió la inercia y la necesidad, demasiado preocupadas en sobrevivir; dedicaron horas y horas, diariamente, a cargar ese agua que calmara su sed, lavara sus, aunque escasas, preciadas ropas; se afanaron en cultivar una tierra, muchas veces despiadada, que les procurara el alimento; se esforzaron, en improvisados fuegos sobre la arena, en cocinar para alimentar a los suyos. Día tras día. Año tras año. Se conformaron con sobrevivir.
Desde aquí cuesta, casi tanto como a nuestros niños les cuesta soñar, visualizar tal panorama. El giro de una ruedecita nos proporciona agua en milésimas de segundo, una decena de movimientos meten la ropa sucia en una máquina que lava en soledad y sin necesidad de ayuda; un par de horas semanales de compras en un supermercado y una nevera, proporciona y conserva el alimento; la termomix, la batidora, el horno, la vitrocerámica, el gas… los restoranes, la comida prefabricada, alimentan en poco tiempo los cuerpos.
Pero hoy, los niños de Khanimambo pueden soñar con romper esa inercia que ha guiado a cientos de miles de mozambiqueños. Y les cuesta, les cuesta pensar y sentir que con mucho esfuerzo, constancia, dedicación y con el apoyo de Khanimambo, pueden salir de ese círculo que les atrapa; les cuesta soñar…
¿Acaso el “Soñar”, ese espacio propio, de uno, que se nutre de fantasías, capaz de borrar las barreras de lo imposible e irrealizable, poderoso motor que nos empuja a conseguir lo que deseamos, está también reservado para unos pocos?
Hace algunos meses, tía Alexia se reunió con los mayores de Khanimambo, los de séptimo, que en pocos meses terminarían la primaria. Y les abordó con la siguiente pregunta “¿A qué os gustaría dedicaros en un futuro?” Se hizo el silencio y tía Alexia comprendió… “Está bien, cerrad los ojos y pensad qué es lo que más os gusta, cuál es vuestro sueño” De nuevo, el Silencio. Entonces tía Alexia entendió que debía orientarles un poco… Podéis hacer una formación profesional en electricidad, mecánica, costura… Podéis seguir estudiando para llegar a ser contables, arquitectos, enfermeros, profesores. Uno saltó: “Electricista, quiero ser electricista”. Al día siguiente todos querían ser electricistas…
El equipo de Khanimambo se esforzó en buscar toda la información sobre las posibles salidas de los niños. Varias tutorías individuales con cada uno de ellos, forzaron “el sueño” de los niños… que, aunque tímido aún, comenzó a aflorar.
Desde entonces, las cosas en Khanimambo cambiaron; el desarrollo de la creatividad, el soñar con… y creer que está en sus manos conseguirlo, comenzó a articular parte de las actividades de Khanimambo.
Hoy, Gil estudia en la universidad para ser dentista, Ernesto aspira a ser arquitecto, Adelina se decanta por la enfermería, a Anatersia le gusta coser; Abilio será un gran electricista, a Félix le atrae la mecánica…
A los niños de Khanimambo les cuesta soñar pero, poco a poco, les forzamos, se esfuerzan por proyectar sus ilusiones y aspiraciones futuras. Y, una vez iniciado el camino, sólo hay que seguir caminando… |