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Praia de Xai Xai huele a septiembre

Praia de Xai Xai huele a septiembre aunque estemos en febrero y el sofocante verano del trópico agonice a pasos de enano.

Praia de Xai Xai huele a septiembre; en unos días nuestros niños empezarán el cole, ¡Un año más! Y es que lo que  aquí concebimos como algo natural, que un niño de 6, 8, 15 años vaya al cole es, en Mozambique, algo casi extraordinario.  -Muchos de los ahijados de Khanimambo sólo empezaron a estudiar al entrar en el proyecto;  así era, debían de ganarse el alimento diario trabajando.-

Los que lograron superar el temido examen oficial de séptimo empiezan la secundaria. De nuevo, en Mozambique, estas son palabras mayores; la secundaria…  “un lujo” que pocos pueden permitirse.

En Praia de Xai Xai no hay secundaria por lo que los niños tendrán que trasladarse a la ciudad de Xai Xai, a 15 kilómetros. Una chapa (minibús), próxima adquisición de la Fundación, hará cada día de “ruta”. Los ahijados de Khanimambo no serán los únicos beneficiarios. La chapa estará a disposición de otros chicos de Praia, vecinos, que, de otro modo, por falta de recursos, hubieran dejado de estudiar; las familias no pueden asumir el coste que supone el traslado diario de un chico a la ciudad.

Los más peques, aquellos que ya han cumplido los cuatro años, se desprenderán de las espaldas de sus mamás, a través de las cuales, envueltos en hermosas capulanas -telas coloridas mozambiqueñas- han empezado a conocer el mundo: el trabajo diario en la huerta, el enérgico “frote” de las manos de sus progenitoras al lavar la ropa, el “bamboleo” que provoca en sus pequeños cuerpos esos bidones  de agua que sus mamás, con una dignidad sobrecogedora, cargan a diario sobre sus cabezas.

Se desprenden de las espaldas de sus mamás para incorporarse a la escolinha (escuelita) de Khanimambo;  Y sí, en Praia de Xai Xai tampoco hay guarderías. Guiados por Amancia, madre coraje de dos ahijados de Khanimambo, intentarán memorizar las partes del cuerpo y aprenderán los colores... Poco a poco se familiarizarán con esas letras y números que ya no les abandonarán y que, en gran medida, determinarán sus futuros.

Praia de Xai Xai huele a septiembre aunque nuestros niños no estrenen ni carteras, ni estuches ni libros nuevos…  Aunque no hayan elegido un papel para forrar sus cuadernos ni pegatinas de dibujitos para escribir sus nombres.

Lo que sí que estrenaran serán aulas nuevas… Atrás quedan esas ventanas sin cristales, esos pupitres rotos y los malabares en sillas de tres patas; gentileza de un proyecto de la cooperación alemana.

A través de otro proyecto, esta vez de Khanimambo, se empieza ya a reconstruir un complejo de aulas administrativas. Los expedientes de los niños dejarán de acumularse en el suelo y el director del colegio abandonará su cubículo de 2x2, que tiempo ha, hacía las veces de cuarto de baño.

Pasito a pasito…

Junto con el comienzo de las clases los niños empezarán a acudir, diariamente, antes o después de las mismas, a las clases de apoyo que se impartirán en la sede de Khanimambo, como todos los años. Y también estrenarán una nueva aula que durante el verano hemos construido.

La ilusión, después de unos meses de tregua, flota en el aire. A todos les gusta ir al cole.

Aunque esta vez Khanimambo comienza un nuevo año escolar con el profundo desasosiego que deja tras de sí la pérdida de una de nuestras ahijadas. Inexplicable, incomprensible; siempre injusta.

Ana Paula era una niña-grande que pareciese que hubiese hecho un pacto de sangre con Peter Pan; no quería crecer ni asumir responsabilidades. Elegía por compañeros de juegos a niños dos, tres años menores que ella; corría y saltaba con esa inocente pureza que parece abandonarnos con los años, libre.

Una fatal caída de un árbol se la llevó; tal vez, me consuelo, para permitir que sea, eternamente, lo que siempre quiso ser, una NIÑA.

Ana Paula se llevó gran parte de la ALEGRÍA de Khanimambo y los todos y cada uno de nuestros niños y sus familias, junto con Chico, Tía Alexia, Tío Mucunha, Amancia, Hanibal… no dejarán de recordarla y de transformar esa tristeza que hoy envuelve Khanimambo en un nuevo motor de lucha y superación.

Y sí, las palabras se atragantan pero desde aquí, aunque lejos, ESTAMOS JUNTOS…

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